martes, 26 de julio de 2011

A EVITA























Talló su alma en madera de pobreza

y convencida, arremetió a la nada

con la sangre encaramada a la tristeza

y el coraje rebalsando su mirada.


Halló el amor desbrozando la maleza

de un pueblo harto, y un líder de asonada,

y sin pensarlo, entregó fuerza y belleza

a la epopeya de ser abanderada.


No la pudieron la insidia y la vileza.

Para el Pueblo fue una tromba disparada

reivindicando al humilde y al “cabeza”.

A puro ardor, de la noche hizo alborada.


Fue pan para el pobre, fue miga y corteza.

Fue tigresa de su hombre en la parada,

aleluya esperanzada del que reza,

de la mujer emblema, del niño hada.


Muerta, hoy es mito. Pasó por la certeza

del querer devuelto, aunque también fue odiada.

El odio perdió. Su altar en tanta pieza

dice que no murió. Ahora es alada.


LEON GUINSBURG