lunes, 26 de julio de 2010

Eva


Ciertas corrientes políticas del campo nacional, obsesionadas en su satanización de la pequeño burguesía, suelen ser tan ciegas que no perciben el hecho elemental de que el mejor poema de homenaje a Eva Perón lo escribió una representante intelectual insigne de esa pequeña burguesía "demoliberal" y, digámoslo, antiperonista por motivos no desechables.


Se trata del homenaje a Eva Perón redactado por María Elena Walsh.


Resalto el valor que, en ese sentido, tiene el introito prudente que hace a este poema el gran patriota Enrique Oliva. Esperemos que sirva para ablandar ciertos corazones cuya cerrazón "antigorila" se convierte, en realidad, en herramienta predilecta de la rosca anti...nacional. Por gran poeta, por mujer y por voluntad de acercarse a su pueblo, María Elena Walsh supo descubrir la Eva Perón más verdadera, como nadie lo hizo.


Quienes rechazan este poema por el "gorilismo" de su autora, seguramente hubieran rechazado también a José Hernández porque inició su vida política combatiendo por el exclusivismo porteño contra el interior.

NOTA [de Enrique Oliva]: Me permito dirigirme a compañeros y compañeras, y a los argentinos todos, para recomendarles muy especialmente la lectura de este poema maravilloso que resume en pocas líneas un sentir colectivo sobre Evita y su perdurable paso histórico en la vida social de nuestro país. Es obra de María Elena Walsh, la poetisa criolla más talentosa de su generación.

El envío originario es del compañero Héctor Grillo, a quien felicito y agradezco la idea. Su correo ha repercutido en París desde donde nos lo ha redistribuido el Dr. Juan Carlos Chachques, médico científico de prestigio internacional. Enrique

NO ESTOY HABLANDO DE POLÍTICA, ME REFIERO A EVITA

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"Eva"

Calle Florida, túnel de flores podridas.

Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.

Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.

El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.

La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.

Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.

Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.

Y Antonio Tormo calla "amémonos".

Un vendaval de luto obligatorio.

Escarapelas con coágulos negros.

El siglo nunca vio muerte más muerte.

Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.

Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.

Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.

Silencio, que hasta el tango se murió.

Orden de arriba y lágrimas de abajo.

En plena juventud. No somos nada.

No somos nada más que un gran castigo.

Se pintó la República de negro

No descanses en paz, alza los brazos,
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.

Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.

Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.

Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.

Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.

Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada

María Elena Walsh